En 1994, mientras el Ejército Zapatista de Liberación Nacional insurgía en las selvas mexicanas y Nelson Mandela accedía a la presidencia de Sudáfrica, hicieron aparición dos obras capitales para las ciencias sociales críticas que tenían como objeto de estudio al siglo XX. Por un lado, el decano de los historiadores marxistas británicos, Eric Hobsbawm, publicó The Age of Extremes dedicado a lo que catalogó como el corto siglo XX[1]. Por el otro, el italiano Giovanni Arrighi presentó en sociedad The Long Twentieth Century: Money, Power, and the Origins of Our Times, la que sería la primera entrega de una “trilogía imprevista” sobre los orígenes y dinámica del sistema-mundo moderno[2]. El largo siglo XX de Arrighi, que en primera instancia fue diseñado como “un estudio de la crisis económica mundial de 1970”, evolucionó hasta convertirse en una obra que abarcó en sentido amplio lo que Tilly denominó los dos procesos esenciales de la era moderna: “la creación de un sistema nacional de Estados y la formación de un sistema capitalista de alcance mundial”[3].
Poco antes de morir a la edad de 71 años, habiendo ya publicado Chaos and Governance in the Modern World System (junto a Beverly Silver) en 1999 y el célebre Adam Smith in Beijing en 2007, Arrighi retornó a El largo siglo XX para en un “posfacio a la segunda edición” de 2009 evaluar tras quince años las tres proposiciones fundamentales del libro al relieve de las grandes transformaciones globales acaecidas. Transcurridos 31 años desde la publicación de The Long Twentieth Century y 16 años desde que el evocador posfacio se convirtió en una de las últimas expresiones de una de las mentes más penetrantes y sublimes del siglo XX, el propósito de este ensayo es comentar aquel texto a la luz de los procesos y los acontecimientos del siglo XXI.
I
La primera proposición fundamental de El largo siglo XX es que el proceso de financiarización del capital ocurrido a partir de la década de 1970 constituía un fenómeno recurrente en la longue durée del capitalismo histórico, y no una novedad histórica de las postrimerías del “siglo americano”. Más allá aún, utilizando la experiencia de las anteriores expansiones financieras como guía, era esperable una restauración momentánea de la riqueza y el poder de la potencia hegemónica, Estados Unidos, seguida en el mediano plazo por una profunda rivalidad por convertirse en el líder de los procesos de acumulación de capital a escala mundial. Como segunda gran proposición, Arrighi argumentaba con énfasis que las expansiones financieras más que procesos rutinarios y cíclicos, son “momentos de una reorganización fundamental del régimen de acumulación”[4]. Esta renovación de los centros y las agencias de acumulación líderes ha sido una de las formas por excelencia en que el sistema-mundo moderno incrementó su alcance y penetración como régimen de acumulación y dominación. En tercer lugar, para Arrighi la expansión financiera del “siglo americano” se presentaba como anómala, principalmente por “la bifurcación, que carece de precedentes, del poder financiero y el poder militar”[5].
Por el lado de la oferta, las expansiones financieras tienen origen en una sobreacumulación de capital que depara en una crisis de rentabilidad y el incremento de la competencia en la esfera de la producción. Ello ocasiona que las agencias capitalistas opten cada vez más por conservar su flujo de tesorería de forma líquida. No obstante, estas “condiciones de oferta” se materializan en una era financiera vigorosa solo cuando se crean las “condiciones de demanda” que Arrighi asocia, siguiendo la cardinal tesis de Weber, a la lucha interestatal por el capital en busca de inversión. Los Estados capitalistas, in nuce, suelen responder ante las restricciones fiscales originadas por la ralentización de la acumulación en el comercio y la producción participando en la competencia por el capital libre en búsqueda de inversión posicionado en los mercados financieros, lo que de suyo crea ventajas de entorno extraordinarias para la expansión financiera.
En un marco teórico que sintetiza de manera virtuosa apreciaciones de Braudel, Weber y Marx, Arrighi nota que Estados Unidos se ha distanciado de la pauta recurrente de los anteriores “imperios exportadores de capital” (Venecia, Holanda, Gran Bretaña), convirtiéndose, al contrario, en un formidable atractor de capital. Por lo que, contra el patrón histórico, el flujo de capital desde los centros de acumulación ascendentes de Asia oriental supera al flujo desde el centro declinante, Estados Unidos. Esta anomalía es profundamente importante ya que abre el análisis a otros desenlaces sobre la prognosis de la rivalidad hegemónica en marcha: la dominación explotadora es una opción. El análisis de los procesos de acumulación de capital, especialmente de los flujos financieros como expresión del latido de la valorización del capital, cobra en la actualidad un rol explicativo central gracias a que la creciente rivalidad interestatal se expresa a través de diferentes trampas retóricas de carácter ideológico, cultural o hasta civilizacional. Así las cosas, vale centrar el debate: ¡es el capitalismo, estúpidos!
II
Algunas críticas, como las de Negri y Hardt, a la elaboración de Arrighi han señalado que constituye un argumento cíclico. Sin embargo, en el comentado posfacio el autor va a reivindicar su tesis de que los diferentes ciclos sistémicos de acumulación han representado, antes que una repetición, un “incremento continuo del tamaño, el alcance, y la complejidad de los sucesivos regímenes de acumulación a escala mundial”[6]. Así, la conjunción entre la teoría sobre la internalización de costes y el argumento de que los Estados son “contenedores de poder” que coadyuban a agencias líderes de la acumulación de capital a escala mundial, “cuarteles generales”, le permitió a Arrighi construir un argumento no solo sistémico y estructural, sino también capaz de explicar las reorganizaciones fundamentales del sistema.
Entonces, los traspasos de poder en el sistema-mundo moderno han sido posibles porque la dialéctica entre “contenedores de poder” y “cuarteles generales” permitió, primero, la internalización de los costes de protección a las Provincias Unidas con respecto a los genoveses; segundo, la internalización de los costes de producción a los británicos; tercero, la internalización de los costes de transacción a los estadounidenses. Al mismo tiempo, los conceptos de régimen intensivos y regímenes extensivos permiten mostrar cómo el capitalismo histórico ha funcionado a través de la “revitalización recurrente de estrategias y estructuras de acumulación remplazadas previamente”[7]. Lo nuevo tiene lugar, entonces, cuando reemerge lo mismo.
Una de las claves del desarrollo capitalista para Arrighi, y este punto es demostración excelsa del talante de su carácter intelectual, es desdeñar la afirmación del marxismo vulgar según la cual la “contradicción fundamental” en el capitalismo yace entre las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas, y en cambio, construir una formidable interpretación del capitalismo basada en la contradicción, señalada por Marx y poco conocida por los marxistas vulgares, entre la valorización del capital y la expansión de las fuerzas productivas. En sus palabras:
La esencia de la contradicción es que en todos los casos la expansión del comercio y la producción mundiales constituye un mero medio para conseguir fundamentalmente incrementar el valor del capital y que, sin embargo, a lo largo del tiempo ello tiende a reducir la tasa de beneficios y por consiguiente a disminuir el valor del capital[8]
III
En 1994, Arrighi pronosticó tres posibles salidas a la encrucijada que dibujaba el final del ciclo sistémico de acumulación estadounidense: “(1) la formación de un imperio mundial; (2) la formación de una economía-mundo no capitalista; o (3) una situación de caos sistémico interminable”[9]. En las tres décadas que han transcurrido entre la primera publicación de El largo siglo XX y estas líneas, estas opciones no han dejado de volverse las tendencias y contratendencias dominantes; sin embargo, todas siguen aún abiertas. Leamos in extenso a Arrighi en este punto:
Si el futuro del capitalismo se hallase totalmente inscrito en las pautas de comportamiento discutidas anteriormente, la tarea de predecir lo que cabría esperar sería obvia. En primer lugar, en un plazo de aproximadamente medio siglo tras la crisis señal acontecida a principios de la década de 1970, el régimen estadounidense experimentaría su crisis terminal. En segundo lugar, con el tiempo, digamos en otros veinte o treinta años, la crisis sería sustituida por la formación de nuevo régimen capaz de sostener una nueva expansión material de la economía mundial. En tercer lugar, la organización gubernamental dirigente de este nuevo régimen presentaría las características de un «Estado-mundial» de un modo mucho más neto de lo que ya lo ha hecho Estados Unidos. En cuarto lugar, el nuevo régimen, a diferencia del régimen estadounidense, sería de la variedad extensiva («imperial-cosmopolita») en vez de intensiva («nacional-corporativa»). Finalmente, y más importante, el nuevo régimen internalizaría los costes de reproducir tanto la vida humana como la naturaleza, algo que el régimen estadounidense ha tendido a externalizar[10]
El meollo del asunto es que el futuro de capitalismo, las salidas a las encrucijadas del “siglo americano”, no se encuentra totalmente inscrito en las pautas de comportamiento del capitalismo histórico hasta este punto. La novedad, como vimos, también es una pauta de comportamiento del capitalismo. Sin embargo, Arrighi señalaba en el posfacio que la primera y la segunda tendencia se estaban cumpliendo, y colocaba como acontecimiento-verdad de ello al fracaso del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, el cual había transformado la hegemonía en “mera dominación”[11]. Además, nuestro autor recalcaba su tesis, ya expresada en Adam Smith en Pekín, según la cual China había resultado como la auténtica ganadora de la Guerra Contra el Terror.
El autor de La geometría del imperialismo va a reclamar a algunos críticos que él nunca señaló en El largo siglo XX que algún Estado del llamado archipiélago capitalista de Asia oriental se estaba proponiendo para suceder a Estados Unidos como potencia hegemónica. El énfasis de Arrighi, contra cierta lectura esquemática de algunos legos en la economía política del sistema-mundo, es que “el poder económico colectivo del archipiélago como nuevo «taller» y «cajero» del mundo está forzando a los centros tradicionales de poder capitalista –Europa occidental y América del Norte—a reestructurar y reorganizar sus propias industrias, economías y modos de vida”[12]. A este respecto, el análisis y la prospectiva de Arrighi no ha tenido parangón en el escenario intelectual global. Inclusive, el derrotero de la vida política de Europa y Estados Unidos desde la crisis financiera que inició en el 2008 al Gran Confinamiento ha sido una comprobación del análisis arrighiano.
Arrighi asume lo obvio: que en la primera edición de El largo siglo XX no era “totalmente consciente” de las implicaciones del resurgimiento de China, cuestión que subsanó en su itinerario intelectual posterior. Para él sigue siendo central, sin embargo, la tesis de la bifurcación del poder militar y el poder económico como novedad histórica de la presente coyuntura en la economía-mundo capitalista. En consecuencia, “esta bifurcación ha privado a Occidente de uno de los dos ingredientes más importantes de su fortuna durante los pasados 500 años: el control del capital excedente”[13]. Acá de nuevo podemos volver a decir que el gesto arrighiano por excelencia se resume en la paráfrasis de la conocida frase de Clinton: ¡es el capitalismo, estúpidos! De manera sintética, la tesis de la bifurcación económica-militar es de tanta importancia ya que señala una ruptura en la evolución del sistema-mundo moderno, desde los genoveses a este punto, en los dos procesos de Tilly: construcción del Estado y organización de la guerra y construcción de una economía de alcance mundial. Para Arrighi el quid de la tesis de la bifurcación se encuentra en que el capital excedente está nucleado en Asia oriental y los recursos para librar la guerra están situados en el centro declinante. Los ciclos de acumulación de capital a este punto de la historia del capitalismo han funcionado sólo nucleando a ambos aspectos, medios de producción y medios de destrucción o acumulación y dominación.
IV
En Adam Smith en Pekín, Arrighi descubriría que la herencia histórica político-institucional de China se amoldaba a uno de los resultados posibles que había previsto en El largo siglo XX a la crisis del ciclo hegemónico estadounidense, a saber, la creación de una sociedad de mercado mundial no-capitalista sostenida en el respeto por las diferencias culturales. La historia y la demografía eran argumentos de peso, de acuerdo con Arrighi, para tomarse en serio el ascenso de China en la economía mundial. Este, “implicaba una subversión fundamental de la propia estructura piramidal de la jerarquía”, y cada una de las palabras usadas en esta oración cuentan con un profundo peso[14]. Retomando el análisis realizado junto a Beverly Silver en Caos y orden en el sistema-mundo moderno, Arrighi va a sostener que el punto de inflexión en los anteriores órdenes mundiales se produjeron frente a dos tendencias: por un lado, “la emergencia de nuevas potencias agresivas”; y, por el otro, “el intento de las potencias hegemónicas declinantes de evitar el ajuste y la acomodación consolidando su escurridiza preeminencia en una dominación explotadora”[15]. Para nuestro autor, y aquí también representó una gran diferencia cualitativa contra el “decadentismo” de los análisis vulgares del imperialismo, Estados Unidos tiene los recursos necesarios para traducir su decadencia en una dominación explotadora.
Los fracasos de las administraciones demócratas de Obama (y Biden), que sucedieron al fracaso de la administración Bush hijo, en construir una “ruta semipacífica a la dominación explotadora” abrieron el paso a la “vía caótica y violenta a la dominación explotadora” de Trump 1 y, sobre todo, Trump 2. En este punto parece que Estados Unidos cuenta con cero chances de declinar con elegancia. Más bien, el repliegue de la administración Trump 2 de Asia Oriental y Europa Oriental señalado en la National Security Strategy de 2025, trae aparejado una era de imperialismo a secas en América Latina que dejará a la violencia y destrucción de la “Segunda guerra Fría” atrás en perspectiva. En definitiva, Arrighi y Silver llevaban razón cuando señalaron que “si el sistema se hunde por fin, se deberá ante todo a la resistencia estadounidense a ajustarse y acomodarse al creciente poderío económico de Asia oriental”[16].
Con respecto a la capacidad de China para construir una economía mundial de mercado no-capitalista el asunto es, y esto tiene vital relevancia, la capacidad de internalizar los costes de reproducción. Y aunque los dos resultados a la crisis de la hegemonía estadounidense siguen siendo posibles, Arrighi sostuvo que “una sociedad de mercado mundial centrada en torno a Asia oriental parece ser hoy (2009) un resultado mucho más probable a las transformaciones actuales de la economía política global”[17]. Sin embargo, el análisis de Arrighi no se permite el optimismo panglosiano de ciertas escuelas de pensamiento a las cuales el antinorteamericanismo las lleva a decir lo más estrafalario. Para Arrighi la tarea de internalización de los costes de reproducción que pueda hacer evolucionar a la economía-mundo capitalista a una economía mundial de mercado no-capitalista es una tarea ciclópea. Ya que, nada más y nada menos, entraña no solo admitir costes ecológicos y humanos para el nuevo sistema, sino además, un modelo de desarrollo que “proporcione al Sur global una alternativa más equitativa que la continuación del dominio occidental”[18]. Ad astra per aspera. Por ahora, sin embargo, el caos es el resultado momentáneo más permanente.
V
La aventura intelectual a la que nos convoca Arrighi es tan extraordinaria como su propia vida: por un lado, de la Génova de la casa San Giorgio a las Empresas de Pueblo y Ciudad en el delta del rio Yangtzé, pasando por la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, los Rothschild en Londres y el mercado de eurodólares de la década de 1970; por el otro, de Milán a Baltimore, con escalas prolongadas en Rhodesia, Dar es Salaam, Calabria y Nueva York. Se sumergió en un proyecto intelectual de envidiable envergadura que buscaba sintetizar las obras de Smith, Marx, Weber, Schumpeter, Braudel y Gramsci, al tiempo que se preguntaba sobre la dinastía Song, el Japón Meiji, las aventuras de Zhen He o las formas de la desruralización en África del Sur. La elección del “estrato superior” braudeliano donde reside el verdadero capitalismo lo privó de ofrecernos más análisis sobre la lucha de clases o el desarrollo económico de las periferias de la economía-mundo, cuestión que siempre fue una espina para sí mismo, sin embargo, allí también nos legó muchas armas para la crítica y el análisis. Para quien escribe, Giovanni Arrighi ha representado una voz tan importante en su perspectiva del mundo y en su configuración espiritual que no puede sino decir: ¡Gracias!
Referencias
[1] E. Hobsbawm, Historia del siglo XX, 1914-1991, Barcelona, Crítica, 1995. Véase M. Gerig, “Vencidos mas no doblegados: notas a la prognosis sobre el siglo XXI de Eric Hobsbawm”, El Exilio, https://elexilio.online/2025/08/03/el-siglo-xxi-de-eric-hobsbawm/
[2] G. Arrighi, El largo siglo XX: dinero y poder en los orígenes de nuestra época, Madrid, Akal, 1999.
[3] Ibid., p. 7.
[4] Ibid., pp. 459-460.
[5] Ibidem.
[6] Ibid., pp. 463-464-465.
[7] Ibid., p. 466.
[8] Ibid., p. 468.
[9] Ibid., p. 460.
[10] Ibid., p 468-469.
[11] Ibidem.
[12] Ibid., p. 470.
[13] Ibidem.
[14] Ibid., p. 473
[15] Ibidem.
[16] Ibidem.
[17] Ibid., p. 475.
[18] Ibid., p. 476.
