Europa: la sociedad enferma. Aproximación al pensamiento de Aimé Césaire

aime cesaire

En su ensayo titulado Discurso sobre el colonialismo, publicado en París en 1950, Aimé Césaire -escritor martiniqués, fundador del movimiento de la negritud- examina la nueva realidad global que emerge tras la Segunda Guerra Mundial, estudia la crisis que afecta a Europa y evalúa cuáles son las alternativas que se abren para las sociedades que han padecido la opresión y exclusión de forma estructural y sistemática.

Césaire comienza su análisis afirmando que la europea es una sociedad enferma, que es moral y espiritualmente indefendible. Considera que, tras la aventura colonial y el advenimiento del Holocausto, la putrefacción y perversidad de este continente ha quedado en evidencia.

Césaire arguye que, la europea es una civilización decadente y moribunda que no ha logrado dar respuesta a los dos problemas centrales que ella ha pergeñado: el problema de la división social de clases y el problema del dominio colonial. Al mismo tiempo, sostiene que Europa miente y que la colonización no se llevó a cabo como una campaña civilizatoria. Con ella no se buscaba erradicar la ignorancia, las enfermedades, la tiranía, la falta de derechos, ni realizar ninguna actividad de carácter filantrópico -como señalan sus adláteres- sino que fue una empresa llevada a cabo por la sed de lucro y de dominación, cuyo interés principal era expandir un sistema económico determinado y maximizar sus beneficios a escala planetaria.

Del mismo modo, indica que civilización y colonización no se pueden emplear como sinónimos y que de esta última “no se podría rescatar ni un solo valor humano” (Césaire, 2006, p.14). Considera que el proyecto colonial justifica la desigualdad, el sometimiento y la segregación. En ese sentido, también manifiesta que la «gesta civilizatoria» es un disfraz que creó Europa para justificar el proceso colonizador y que éste entra en contradicción con los principios sobre los que teóricamente se funda dicha sociedad.

De la misma forma, asegura que nadie sale indemne de un proceso colonizador y que no se coloniza de forma ingenua. Para Césaire, una civilización que promueve la colonización está corrompida, con los parámetros éticos devastados y que al mismo tiempo está incubando su propio castigo. Así mismo, sugiere que la colonización deshumaniza. Plantea que, al tratar al colonizado como una bestia, se establece un proceso dialéctico, a través del cual el colono también se animaliza, se desciviliza, se degrada, se embrutece. En la colonización se encuentra la raíz de su ruina (moral).

Sobre la dinámica colonial, Césaire (2006) expresa lo siguiente:

Entre colonizador y colonizado solo hay lugar para el trabajo forzoso, para la intimidación, para la presión, para la policía, para el tributo, para el robo, para la violación, para la cultura impuesta, para el desprecio, para la desconfianza, para la morgue, para la presunción, para la grosería, para las elites descerebradas, para las masas envilecidas. Ningún contacto humano, solo relaciones de dominación y de sumisión que transforman al hombre colonizador en vigilante, en suboficial, en cómitre, en fusta, y al hombre nativo en instrumento de producción. (p.20)

Al mismo tiempo que señala el despotismo de los europeos en tierras africanas, muestra la hipocresía de éstos cuando pretenden erigirse como los protagonistas del desarrollo en este continente. Cuestiona cómo Occidente se ha vinculado con los líderes locales para mantener la opresión sobre los nativos, sostiene que se hubiesen podido implementar otras medidas para desarrollar el continente sin necesidad de recurrir a la violencia y al sometimiento de los ciudadanos. Critica que es justamente el colonialismo europeo el que impide y obstaculiza el crecimiento de África. Que no da respuestas a las exigencias de la población en cuanto a sus necesidades básicas, que no impulsa una mejora sustancial en la calidad de vida de sus habitantes y que mantiene a África en una posición de subordinación político-económica. 

Césaire considera que es saludable y enriquecedor que las diversas civilizaciones entren en contacto, que puedan establecer un diálogo y que el intercambio oxigena. Lo que cuestiona es la forma en que se efectuó la interacción entre esas distintas sociedades. En línea con esa idea, manifiesta que:

Oigo la tempestad. Me hablan de progreso, de «realizaciones», de enfermedades curadas, de niveles de vida por encima de ellos mismos.
Yo, yo hablo de sociedades vaciadas de ellas mismas, de culturas pisoteadas, de instituciones minadas, de tierras confiscadas, de religiones asesinadas, de magnificencias artísticas aniquiladas, de extraordinarias posibilidades suprimidas. Me refutan con hechos, estadísticas, kilómetros de carreteras, de canales, de vías férreas.
Yo, yo hablo de millares de hombres sacrificados en la construcción de la línea férrea de Congo-Ocean. Hablo de aquellos que, en el momento en que escribo, están cavando con sus manos el puerto de Abiyán. Hablo de millones de hombres desarraigados de sus dioses, de su tierra, de sus costumbres, de su vida, de la vida, de la danza, de la sabiduría.
Yo hablo de millones de hombres a quienes sabiamente se les ha inculcado el miedo, el complejo de inferioridad, el temblor, el ponerse de rodillas, la desesperación, el servilismo. Me obnubilan con toneladas exportadas de algodón o cacao, con hectáreas plantadas de olivos o de viñas.
Yo, yo hablo de economías naturales, armoniosas y viables, economías a la medida del nativo, desorganizadas; hablo de huertas destruidas, de subalimentación instalada, de desarrollo agrícola orientado en función del único beneficio de las metrópolis, de saqueos de productos, de saqueos de materias primas. (Césaire, 2006, p. 20).

Césaire se defendía de las críticas que lo describían como un «enemigo de Europa» y un profeta del retorno al pasado anteeuropeo, argumentando que él nunca había colocado en entredicho el inmenso valor que tiene Europa en la historia del pensamiento humano y que tampoco abogaba por un regreso a un pasado cualquiera. Para él, el problema de África, radicaba no tanto en su contacto tardío con el resto del orbe sino la forma en que este se había desarrollado.

Yo he dicho -y esto es muy distinto- que la Europa colonizadora ha injertado el abuso moderno en la antigua injusticia; el odioso racismo en la vieja desigualdad.
Que si se quieren juzgar mis intenciones, sostengo que la Europa colonizadora es desleal cuando legitima a posteriori la acción colonizadora aduciendo los evidentes progresos materiales realizados en ciertos dominios bajo el régimen colonial, porque el cambio brusco es siempre posible tanto en la historia como en cualquier otro ámbito; que nadie sabe a qué estadio de desarrollo material habrían llegado estos mismos países sin la intervención europea; que el equipamiento técnico, la reorganización administrativa, en una palabra, «la europeización» de África o de Asia, no estaban ligadas necesariamente -como lo prueba el ejemplo japones- a la ocupación europea; que la europeización de los continentes no europeos podría haberse hecho de otro modo sin que fuera bajo la bota de Europa. (Césaire, 2006, p.22).

Para Césaire, la europea es una civilización convertida en cadáver. Impregnada de racismo, de desprecio por otras sociedades. Alega que se arrogan la condición de ser el pueblo elegido, los designados por Dios para una misión histórica, que pregonan una supuesta superioridad moral, científica y religiosa, pero tras su paso sólo han dejado miseria, devastación y latrocinio. En palabras de Césaire (2006), esta es “una sociedad (…) no sólo perecedera, sino ya amenazada de extinción” (p.29).

Sobre la empresa colonial, Césaire (2006) argumenta que:

(…)es al mundo moderno lo que el imperialismo romano fue al mundo antiguo: preparador del desastre y precursor de la catástrofe. ¿Y qué? Los indios masacrados, el mundo musulmán vaciado de sí mismo, el mundo chino mancillado y desnaturalizado durante todo un siglo; el mundo negro desacreditado; voces inmensas apagadas para siempre; hogares esparcidos al viento; toda esta chapucería, todo este despilfarro, la humanidad reducida al monólogo, ¿y creen ustedes que todo esto no se paga? La verdad es que en esta política está inscrita la pérdida de Europa misma, y que Europa, si no toma precauciones, perecerá por el vado que creó alrededor de ella. (p.41)

Césaire se mofa de Occidente cuando estos pretenden posicionarse como los paladines del respeto de la dignidad humana.  Este pone de manifiesto que, para Occidente, el concepto de humanidad está vinculado sólo al hombre blanco europeo y que este no es extrapolable al resto de las personas (Maldonado Torres, 2006; Mignolo, 2006). Y afirma lúcidamente que, “Europa es responsable frente a la comunidad humana de la más alta tasa de cadáveres de la historia” (Césaire, 2006, p. 21).

Para el intelectual caribeño, Occidente se vincula con otras sociedades y culturas desde un lugar de privilegio, asume posiciones de superioridad frente a las diversas cosmovisiones de los pueblos no occidentales. No existe respeto ni consideraciones hacia otras formas de vida. Son menospreciadas, rechazadas, invalidadas. Aduciendo carencias en los otros (pasamos de los pueblos sin escritura, a pueblos sin historia, seguido de pueblos sin civilización, a pueblos sin desarrollo, hasta llegar a los pueblos sin democracia) pretenden justificar sus acciones. Y es justamente bajo esa dinámica que, en nombre de “salvar a los salvajes de su propia barbarie” (Grosfoguel, 2006, p.162), Occidente ha efectuado proyectos de sometimiento y dominación sumamente trágicos y violentos.

Cuestiona esa narrativa que postula a Europa como el centro del mundo, que solo allí se produce pensamiento, que allende a sus fronteras lo único que existe son sociedades primitivas, poco desarrolladas, habitada por bárbaros y perezosos. Habla del valor de las antiguas sociedades africanas y asiáticas. De la potente cultura que subyace en ese territorio. De las civilizaciones pujantes y desarrolladas que existían antes de la llegada de los europeos, y de cómo éstos han intentado cercenar sus tradiciones, borrar sus raíces, homogeneizar su cultura y poner en funcionamiento la «máquina del olvido».

Del mismo modo, rebate la narrativa que se desarrollaba sobre los africanos en las que los caracterizaban como eunucos mentales, sin ningún tipo de capacidades cognitivas y que ningún aporte han hecho a la humanidad o las tesis que aseveran que en los climas tropicales nunca se ha erigido una gran civilización. Expresaba que:

Quedan, por supuesto, algunos hechos menores que oponen resistencia, a saber: la invención de la aritmética y la geometría por los egipcios; el descubrimiento de la astronomía por los asirios; el nacimiento de la química entre los árabes; la aparición del racionalismo en el seno del islam en una época en la que el pensamiento occidental tenía una apariencia furiosamente prelógica. (Césaire, 2006, p. 38).

Del pensamiento cesaireano se desprende la ecuación: colonización igual a cosificación. Alega que el colonialismo hizo equivalente la vida humana a cualquier otra mercancía, tanto para venderla como para desecharla cuando no sea de utilidad. Personas sometidas a la esclavitud para suplir la escasez de mano de obra. Césaire exhibe que, contrario a las ideas que pregona la modernidad, el colonialismo hizo desiguales a las personas.

Sobre la clase dominante, Césaire ofrecía un pronóstico fulminante:

está condenada a ser cada día más huraña, más abiertamente feroz, más despojada de pudor, más sumariamente bárbara; que es una ley implacable, que toda clase decadente se ve transformada en el receptáculo en el que confluyen todas las aguas sucias de la historia; que es una ley universal que toda clase antes de desaparecer debe deshonrarse por completo, omnilateralmente, y que es con la cabeza escondida debajo del estiércol como las sociedades moribundas entonan su canto del cisne. (Césaire, 2006, p.34).

De igual forma, Césaire muestra una mirada disruptiva frente al fenómeno del nazismo. Contrario a las posturas que veían en este un fenómeno aislado, una rareza, una singularidad, para el autor martiniqués el nazismo viene a ser una continuación de la expansión colonial europea.

Denuncia que los procedimientos y las formas empleadas por el nazismo, fueron anteriormente implementadas por los europeos en las colonias. Antes de padecerlos, los europeos efectuaron estos mismos métodos contra sociedades no europeas. No es un mecanismo ni inédito ni novedoso. El despotismo, el genocidio, el saqueo, el racismo, las masacres, no son dispositivos que hayan surgido con el nazismo, sino que ya eran una práctica común en las invasiones perpetradas por los europeos hacia pueblos de otras latitudes desde finales del siglo XV.

En síntesis, lo que señala Césaire es que lo que los europeos rechazan de Hitler no son las aberraciones cometidas en sí mismas, sino que las haya efectuado en contra de los hombres blancos. Que use los mecanismos que los europeos implementaron en sus colonias para conquistar y dominar en contra de ellos mismos. El nazismo es el colonialismo de vuelta para someter a los conquistadores. La lógica del colonialismo implementado desde el siglo XV en las colonias regresando como un boomerang al corazón de Europa. Esta interpretación sobre el fenómeno del nazismo, fue en su momento -mediados del siglo XX- un análisis disruptivo e innovador, que no era posible hallarse en los pensadores europeos de la época.

El ensayo de este poeta centroamericano debe interpretarse como una reflexión desde las sociedades colonizadas al proyecto de modernidad europeo. En él, Césaire insta a crear una sociedad nueva, moderna, emancipada y revitalizada que deje atrás el letargo colonial, la etapa de subyugación. Impulsa la construcción de un pensamiento otro, que cuestione la epistemología hegemónica occidental, que permita la emergencia de una polifonía de voces, de una multitud de cosmovisiones que pongan en entredicho el monólogo del hombre blanco.

Referencias

  • Césaire, A. (2006). Cultura y colonización. Ediciones Akal.
  • Césaire, A. (2006). Discurso sobre el colonialismo. Ediciones Akal.
  • Grosfoguel, R. (2006). Actualidad del pensamiento de Césaire: redefinición del sistema-mundo y producción de utopía desde la diferencia colonial. En: Discurso sobre el colonialismo. Ediciones Akal.
  • Maldonado -Torres, N. (2006). Aimé Cesaire y la crisis del hombre europeo. En: Discurso sobre el colonialismo. Ediciones Akal.
  • Mignolo, W. (2006). El giro gnoseológico decolonial: la contribuci6n de Aimé Césaire a la geopolítica y la corpo-política del conocimiento. En: Discurso sobre el colonialismo. Ediciones Akal.