«Dios es terrorista» proyecta con voz teatral un señor de estatura baja, con traje azul y una barba gris que se le confunde con el cabello despeinado y encanecido. Parece un gesto de rebeldía traviesa que nos arranca una sonrisa a los que somos testigos. Grita desde el umbral de la puerta de su casa, frente a la Tienda de Esperanza, un bar apacible y tradicional de La Macarena donde se reúnen vecinos y gentes de otras partes a departir. Allí, como en otros lugares del barrio, hablar con desconocidos es fácil y sentirse parte de la comunidad, también.
La Macarena es un barrio tradicional e histórico de Bogotá, lleva su nombre en honor a la virgen de los toreros, por la cercanía a la Plaza La Santamaría. En los años sesenta y setenta se construyó la fama de «barrio bohemio», pues era un lugar frecuentado por artistas y miembros de la movida cultural que la sociedad conservadora miraba con aprensión. Con el paso del tiempo el barrio se ha transformado y aunque el concepto de bohemia hoy en día es demodé, de alguna forma conserva esa huella de estar al margen, ese aire de transgresión condensado en la frase que profirió uno de sus habitantes y que abre esta columna.
En La Macarena encontramos galerías, tiendas de diseño, restaurantes con ofertas gastronómicas multiculturales, librerías, cafés, marqueterías, bares, la Universidad Distrital, las Torres del Parque y por supuesto, residencias, panaderías, ferreterías, tiendas de barrio y una iglesia. Su población es diversa, con edades, nacionalidades, oficios e intereses distintos pero que se encuentra en el propósito de velar por el bienestar de la comunidad y sus habitantes.



Por su parte, La Perseverancia, llamado en un principio Unión Obrera, es el barrio contiguo a La Macarena en sentido norte. Se trata de una comunidad que, como lo revela su primer nombre, es de origen obrero, fue el lugar donde se asentaron los trabajadores de la planta de la cervecería Bavaria cuando operaba en lo que es actualmente el Parque Bavaria, en el barrio San Diego (subsumido junto con el barrio San Martín desde 1960 por lo que ahora se conoce como Centro Internacional). Además de su origen obrero o precisamente por esta característica, fue un barrio gaitanista. El líder político solía frecuentar la Plaza de Mercado y tomar chicha en sus calles, así como proclamar sus discursos. Tras su asesinato, fue uno de los barrios más combatientes y también más reprimidos por el gobierno. Aún se conserva un icónico y modesto monumento de yeso en su honor, que los propios vecinos retocan cada tanto.
Hoy en día es una comunidad amalgamada por su origen y su historia, porque ha sabido resistir y reivindicar lo popular. El Festival de la chicha, es un ejemplo de ello. Se celebra desde 1988 cuando se levantó la prohibición que 40 años antes, en 1948, impuso el gobierno bajo la excusa de que la chicha tuvo responsabilidad en el Bogotazo por los efectos que producía en las personas. Sabemos que la satanización de la chicha y ese decreto respondieron a estratagemas comerciales para penalizar la bebida alcohólica popular y posicionar la cerveza en su lugar. La Perseverancia resistió produciendo clandestinamente esta bebida. Otro de los símbolos del barrio y más recientemente del país es la Plaza de Mercado que condensa una oferta de comida tradicional de todas las regiones de Colombia y se ha convertido en una parada obligatoria para locales y extranjeros.




La amenaza concreta: Click Living La Macarena
Click Living es un desarrollo inmobiliario de Arquitectura y Concreto, una de las constructoras más importantes del país, que subrepticiamente abrió su sala de ventas en la carrera 5ta con calle 30, justo entre la Estación de Policía de La Macarena y la Plaza de Mercado La Perseverancia. Se trata de un predio en donde hay una bodega que anteriormente fue un taller mecánico especializado en automóviles Volkswagen, ocupa una manzana completa y se están ofertando, de acuerdo con la información expuesta en los canales digitales de la constructora, más de 500 apartamentos desde 39m2 hasta 56m2, de una o dos habitaciones, y con un precio aproximado desde USD 4.160 por metro cuadrado. El proyecto se desarrollará en dos fases, en la primera se construirán dos torres y en la segunda otras dos torres.



Esta oferta inmobiliaria no sería una amenaza a no ser por dos factores: el primero, es que hay irregularidades relacionadas con normas del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y de la Unidad de Planeamiento Zonal (UPZ) N° 92 La Macarena, documentos que estipulan que la altura máxima de edificaciones permitida en estos dos barrios es de hasta 4 pisos en La Perseverancia y hasta 5 en La Macarena. No obstante, Click Living está vendiendo hasta 13 pisos y el 14 es la terraza común.
Se evidencia un ejercicio de estiramiento de la norma arguyendo que al poseer la manzana completa pueden postular a incentivos de edificabilidad, lo cual parece absurdo y es bastante polémico, más aún cuando existen otras características ineludibles como el hecho de que el desarrollo se encuentra en el área de influencia del Museo Nacional, en medio de dos bienes de dotación que además son bienes de interés cultural (La plaza de mercado La Perseverancia y la Estación de Policia La Macarena). Por si fuera poco existe una limitación respecto del ancho de vía que de acuerdo con el POT, en calles estrechas que no superen entre los 12 y 15 metros de ancho de perfil y que no hagan parte de la malla vial arterial no se permiten las construcciones de gran altura, es este el caso de la carrera 5ta.
Estas irregularidades normativas encienden alarmas, pero parece que las infracciones urbanísticas son prácticas deliberadas de las constructoras. De acuerdo con plenarias del Concejo de Bogotá durante el 2025 se evidenció que el 98% de las infracciones urbanísticas relacionadas con demoliciones y construcciones en Bogotá no culminan en sanciones. Entre 2020 y 2024 se registraron más de 44.000 querellas por construcciones ilegales, lo que nos arroja una evidencia del alto número de infracciones de este orden que se comenten en la ciudad con bastante laxitud e impunidad.
El segundo factor está relacionado con ciertos conceptos que desde las ciencias sociales y económicas describen situaciones complejas que amenazan a las sociedades contemporáneas: acumulación por desposesión, gentrificación, recomposición poblacional, sobrecarga urbanística, pérdida de la calidad del paisaje y degradación de la ciudad, dicho así, con conceptos en abstracto pudiera no entenderse la gravedad del asunto, tratemos de concretarlo indagando con más profundidad en estos problemas.
El modelo de ciudad
Partamos del entendimiento de la ciudad como un lugar complejo, en constante transformación y disputa, atada al desarrollo del capitalismo, a la administración estatal y por supuesto a sus habitantes. Históricamente las ciudades centro en la era capitalista se han enfrentado a estas situaciones, lo que nos revela que el problema existió antes de ser objeto de estudio y de tener conceptos que lo definieran. Podemos referirnos al París de Haussmann (1852) o a la Nueva York de Moses (1929), ambas ciudades sufrieron procesos urbanísticos que parecieran ser similares al modelo de ciudad neoliberal contemporáneo, pero en realidad operaban de forma muy distinta.
Si bien es cierto que estos proyectos produjeron una expulsión de las clases populares y obreras a las periferias de la ciudad, hubo lo que ahora conocemos como gentrificación, los proyectos de renovación urbana de entonces se diferenciaban de los de ahora porque el ente que diseñaba y ejecutaba era el Estado (aunque había participación de capitales privados), ahora se trata de una inversión principalmente hecha por capitales privados con la participación del Estado como ente regulador de permisos y como institución que le da un marco de formalidad democrática; antes, el alcance de la renovación urbana era la ciudad entera, ahora es fragmentada y por proyectos; antes, la producción del espacio era público (aunque desigual): ampliación de vías, construcción de bulevares, alcantarillado, construcción de estaciones de transporte público, parques y museos… ahora tiende a la privatización del espacio público con la construcción de centros financieros, residencias con ofertas de vivienda o negocio (si se arriendan) para estratos altos y/o capitales extranjeros, museos, estadios para megaeventos, cinturones costeros y similares.
En Bogotá y otras ciudades de Latinoamérica se viene imponiendo un proyecto de ciudad neoliberal desde la década de los noventa que prioriza la mercantilización del espacio, la competitividad global a través de la turistificación y la participación del sector privado en la planificación y desarrollo de la ciudad. Este proyecto de ciudad ya se ha consumado en varios lugares de Bogotá como el Centro Histórico, el actual Centro Internacional, el barrio San Martín, el barrio Santa Bárbara, por mencionar algunos y avanza rápidamente en otras zonas.



¿Gentrificación o desarrollo?
La gentrificación es un concepto de la sociología urbana acuñado en 1964 por la socióloga Ruth Glass en el desarrollo de una investigación centrada en Londres, en la que evidenciaba cómo las clases altas y medias compraban viviendas en barrios obreros provocando el desplazamiento sus habitantes. Queda claro que el factor central en esta problemática es de orden económico, aunque no se restringe al ámbito monetario, pues abarca la esfera cultural, social, ambiental y urbanística.
Podemos, grosso modo, identificar dos formas de gentrificación: una es muy común en los centros históricos de las ciudades latinoamericanas y responde a los asentamientos poblacionales desde la fundación de las ciudades en la época colonial y su posterior movimiento poblacional.
Gentrificación vía degradación-estigmatización
El centro de las ciudades latinoamericanas, desde su fundación, partía del lugar donde se establecía el poder político y eclesiástico, esto es la catedral y el palacio de gobierno, en torno a este centro se disponían en círculos concéntricos las familias que encarnaban o influenciaban estos poderes. Resultando en una espacialización del poder en la que los ricos y poderosos vivían más cerca del centro.
Con el paso de los siglos esta realidad cambió, los ricos tuvieron que desplazarse a las periferias para encontrar la tranquilidad que el centro de la ciudad ya no podía ofrecerles como consecuencia de la desruralización sin industrialización que produjo una sobredensificación de las ciudades con una desigualdad escandalosa durante el siglo XX. Fue así como abandonaron sus viviendas coloniales en los centros históricos y estas se convirtieron en negocios, viviendas de alquiler por habitaciones o en casonas deterioradas y abandonadas. Estas edificaciones fueron descuidadas tanto por sus dueños como por los gobiernos locales y nacionales. Cambió el paisaje y también la composición de la población, ya no vivían los ricos allí sino personas económicamente vulnerables. En algunos casos se degradaron a tal punto que llegaron a convertirse en tugurios donde abundaba la prostitución, redes de microtráfico, delincuencia, población de bajos recursos y hasta lumpenizada. Socialmente fueron espacios sobreestigmatizados.
Esta situación allanó el camino para que el proyecto de ciudad neoliberal, con la venia del Estado, pudiera desarrollar proyectos de renovación urbana que rescataron estéticamente el patrimonio arquitectónico (al menos sus fachadas, sabemos que puertas adentro se hicieron modificaciones para adaptar los espacios a las necesidades) del Centro Histórico pero que no solucionó ninguna de las problemáticas de fondo, simplemente hubo una recuperación del espacio por vía del desplazamiento de la población problemática, bien sea hacia la periferia de la ciudad o hacia barrios aledaños.
Esta transformación del espacio y recomposición poblacional atrajo a estratos medios y altos, capitales extranjeros, estudiantes y turistas. Expulsó a la población inconveniente y los que decidieron resistir debieron aceptar el nuevo orden de las cosas: el encarecimiento de la vida y la desintegración de lazos sociales y dinámicas comerciales.
El Centro Histórico se convirtió en un espacio cercado, dentro de él encontramos casas coloniales muy bien conservadas, hostales, restaurantes, universidades, museos, librerías, etc. Pero en sus alrededores inmediatos como el barrio San Bernardo, Las Cruces, Egipto, San Victorino se observa una degradación muy drástica de las viviendas y las condiciones de vida.
Gentrificación vía «acumulación por desposesión»
La otra forma de gentrificación ocurre cuando los desarrolladores identifican una zona que tiene un valor particular que no necesariamente está atado al dinero sino al valor inmaterial como la ubicación geográfica, la riqueza cultural, el tejido social existente, el valor histórico, ambiental o la población misma que lo habita, entonces procuran apropiarse de esa riqueza para obtener ganancias, reproducir y acumular dinero a expensas de un bien que pueden comercializar y que no produjeron. Es lo que Harvey denomina acumulación por desposesión, y no siendo suficiente, provoca una cascada de consecuencias sociales en detrimento de quienes sí contribuyeron a la creación de ese valor inmaterial.
El desplazamiento indirecto de los habitantes del barrio ocurre como consecuencia de la oferta de vivienda. Sabemos que Click Living es una oferta dirigida a estratos altos, locales o extranjeros, a personas solteras, parejas o máximo familias de 3 personas, existe una preselección de la población que habitará el espacio. Las características socioeconómicas y culturales de esta población terminan encareciendo los precios de bienes y servicios, con lo que quienes no puedan sostener los ajustes de los precios tendrán que irse a otro lugar.
Las dinámicas comerciales de la comunidad generalmente no se ven beneficiadas con el asentamiento de esta población, pues sus formas de consumo suelen ser diferentes. Prefieren usar aplicaciones de domicilios que comprar en las tiendas o negocios aledaños al edificio, prefieren contratar servicios generales a empresas consolidadas que a habitantes de los barrios que ofrecen servicios independientes. No requieren servicios de reparación de calzado, modistería o carpintería, generalmente no generan empleos de los que pueda beneficiarse la comunidad y a juzgar por experiencias como la del barrio San Martín, los habitantes de estos desarrollos están escindidos de la comunidad. Tanto por su nivel adquisitivo, su autopercepción socioeconómica como por su condición de turistas prefieren departir y consumir en otras zonas de la ciudad.
El tema de la sobredensificación no es un mal menor, estos barrios fueron construidos cuando aún no se sospechaba que la ciudad crecería tanto, con lo que la capacidad de proveer servicios con la infraestructura actual es limitada y está sujeta a aprobaciones técnicas que permitan incorporar a las redes existentes la carga que más de 500 apartamentos implica. Sobre todo, en lo referente a acueducto, aseo y tránsito.
Ambientalmente, más allá de la polución temporal que ocasionaría la construcción y que indefectiblemente afectaría a los vivanderos de la plaza de mercado y a los habitantes inmediatos de esa zona, existen riesgos por remoción de tierra dado que estos barrios, La Perseverancia, sobre todo, se ubica en una zona empinada con lo que se puede generar inestabilidad en el terreno.
Asimismo, se puede afectar la fauna, principalmente aves que aún hacen vida en estos barrios y que sufren tanto por contaminación sónica como lumínica. Finalmente está la afectación del paisaje que bloquea la vista a los cerros, fija una barrera para la iluminación natural y en las noches produce afectación lumínica. Además, arquitectónicamente degrada la zona al irrumpir con un estilo que rompe con la estética del barrio.
Contradicciones
No podemos negar que el problema de la gentrificación y la turistificación tiene sus contradicciones. Colombia ha impulsado su industria turística logrando un crecimiento plausible, en el 2025 representó un 2,4% del PIB. Según cifras del DANE generó 995.709 empleos. La industria está creciendo y se está convirtiendo en un motor importante de la economía colombiana aun cuando tiene sus bemoles, principalmente por ausencia de regulaciones que impactan tanto el medio ambiente como el tejido social. De no tenerse en consideración y accionar rápidamente irá en detrimento de la industria misma.
Tampoco podemos negar que tanto el barrio de La Macarena como La Perseverancia ya han enfrentado situaciones de gentrificación previas. Los restaurantes (tanto de La Macarena como de la Plaza de Mercado), los cafés, las galerías y las tiendas de diseño crearon un circuito comercial de arte y gastronomía que no es accesible a todos los estratos sociales. Sin embargo es importante reconocer que aun en el marco de la gentrificación, no es lo mismo tener restaurantes, cafés, galerías (que siguen produciendo interacciones sociales y enriquecimiento cultural) que una aglomeración de 500 apartamentos para renta corta, generalmente a extranjeros.
Por otra parte, la privilegiada ubicación geográfica de estos barrios ha permitido que algunas viviendas en arriendo tengan un costo que a veces no hace justicia a las condiciones de los inmuebles. Por último, en una sociedad tan marcadamente estratificada como la colombiana y sobre todo, la bogotana, existen algunas rencillas de clase por los prejuicios y barreras invisibles que hay, en ambas direcciones, entre los dos barrios.
La existencia de estas contradicciones, que la comunidad no ignora, no puede ser una justificación para que Click Living avance con un proyecto que infringe normas y que pretende apropiarse del patrimonio cultural de estos barrios para generar ganancias en detrimento de la ciudad misma.
Espacios de esperanza
La inexistencia de contradicciones en las relaciones sociales no es más que una ficción funcional-estructuralista. En las comunidades inherentemente existirán contradicciones pero estas no son obstáculo para alcanzar acuerdos, cooperación, organizarse en comunidad y amplificar los puntos de encuentro en favor de objetivos comunes. Es esto lo que está ocurriendo en La Macarena y La Perseverancia, los vecinos de ambos barrios se han organizado y están construyendo un movimiento social para defender el derecho a habitar su comunidad.
Tan pronto como vieron la aparición de la sala de ventas de Click Living activaron redes de comunicación digital y convencional, repartieron volantes invitando a reuniones, han hecho plantones, enlaces con otras comunidades que también se están organizando ante amenazas similares. Han establecido grupos de trabajo, asambleas, investigaciones, rutas jurídicas y políticas, han exigido e incorporado a las instituciones gubernamentales para que respondan ante los claroscuros, han interpelado a la constructora, han consultado especialistas, han levantado la voz y aunque existen diferencias se han unido para defender el derecho a habitar, porque al modelo de ciudad neoliberal ya no le basta con que estén los de arriba y los de abajo, ahora necesita que existan los de afuera. Siguiendo a Marx, ante la igualdad de derechos decide la fuerza y estas comunidades están demostrando que la fuerza de las comunidades organizadas puede ser más poderosa que la fuerza del capital privado de una constructora.
Post scriptum
El pasado domingo 18 de octubre, en horas de la mañana, las comunidades afectadas por esta situación salieron a protestar frente a la sala de ventas del proyecto. La protesta consistía en una concentración de vecinos para hacer pancartas en contra de la gentrificación y en defensa de las comunidades, en la expresión de los vecinos a través de un megáfono, en niños dibujando mensajes con tiza sobre las paredes y en el bloqueo de dos de los tres canales viales de la carrera 5ta durante algunas horas.
No era la primera vez que se hacían protestas de este tipo, de hecho, se han hecho unas cuatro veces de la misma forma. Pero sí fue la primera vez que hubo presencia y uso de la fuerza policial desproporcionado. Un gran número de policías con implementos antimotín se desplegaron y forzaron a los protestantes a replegarse a los andenes y liberar los canales viales. No fue una acción pacífica, al contrario, desde la presencia misma de los policías hasta su accionar fue intimidante y desproporcionado.
Haremos seguimiento al devenir de esta disputa por el derecho a habitar.



Referencias
Los textos consultados para esta entrega fueron:
- Rama, Á. (2004). La ciudad letrada. Tajamar Editores. (Obra original publicada en 1984).
- Benavides Escobar, M. C. (2017). Una mirada a la gentrificación: El caso Bogotá [Tesis de maestría, Universidad Nacional de Colombia].
- Davis, M. (2006). Planet of slums. Verso
- Harvey, D. (2013). Ciudades rebeldes: Del derecho de la ciudad a la revolución urbana (J. Madariaga, Trad.). Akal. (Obra original publicada en 2012)
- Harvey, D. (1989). The condition of postmodernity: An enquiry into the origins of cultural change. Blackwell.
- Secretaría Distrital de Planeación. (2007). UPZ 92 La Macarena: Edificabilidad permitida (Plancha 3 de 4, Decreto 492 de 2007) [Mapa, escala 1:5.000]. Alcaldía Mayor de Bogotá. https://www.sdp.gov.co/gestion-territorial/norma-urbana/normas-urbanisticas-anteriores/upz?field_norma_upz_tid=1619&title=